Los amores prohibidos no tendrían ya su cómplice, no encontrarían protección, se desvanecerían y escaparían junto con ella. “La dama de noche” que invade mi jardín, sobreviviendo aun a mi descuido, creciendo tan generosamente, no me regalaría ya sus flores. Los fantasmas no se dejarían ver, o cambiarían de color, eligiendo un tono tornasolado que brillara con el Sol. Los búhos cerrarían sus ojos, las fieras nocturnas vagarían sin encontrar paz, abandonadas por la noche, despiadada, cruel, que decide ya no regresar. Los lobos se quedarían sin luna para aullar, la Luna se quedaría sin su Sol para amar. El insomnio, ya no seria un padecer, cenar ya seria historia, y no podríamos disfrutar de una ciudad encendida, colmada de luces, iluminando e iluminándose. Dejaríamos definitivamente el placer de trasnochar... y la última función del cine se suspendería, el sol de noche se extinguiría para siempre y las velas se consumirían solo para darnos calor. Ya no podría jugar mi juego preferido, ese que solo se juega en la penumbra, tanteando, descubriendo, percibiéndose, dejándose llevar pero en la oscuridad total.
La noche ya no tendría principio ni fin, tampoco lo tendría el día, que aprovechando la confusión de la noche y su decisión de huir, acapararía toda la atención, para ya no compartir, para ser protagonista, galán absoluto, para llevarse todos los poemas y canciones, para ser por fin amo y señor, egoísta, sintiéndose incondicional para el amor, completo para el ladrón, perfecto para la pasión. Para seguir siendo día, eternamente día, de día y de noche.
Silvana
17/03/2011
1 comentario:
¡Asombroso!
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